Facebook Twitter Youtube
Tocando el cielo

Fecha: 21 - 06 - 2011

Autor: Keepgoing

Quiero contaros cómo fueron mis sensaciones un 7 de agosto del 2002 por la tarde, y ya entrada la noche.


En aquel momento me encontraba en Múnich, calentando en el anexo al Estadio Olímpico, totalmente concentrado en la carrera que tendría lugar unos momentos más tarde: un 10.000 en el que yo había depositado muchas esperanzas y para el que había entrenado duro durante los meses previos.


Mi última carrera había sido un torneo de Federaciones disputado en Valencia, donde corrí un 3.000 haciendo unos últimos 500 metros increíbles. Conseguí la victoria pero, lo que es más importante, me sentí preparado para correr muy de prisa en los metros finales. Alguien me había tomado en los últimos 400 metros un parcial de ¡55 segundos! Esto me hacía estar todavía un poquito más ilusionado ya que anteriormente, a lo largo de mi carrera, no había demostrado un cambio tan poderoso. Así que me fui a Múnich con la tranquilidad de que había entrenado bien y estaba preparado para todo.


Mi último 10.000 había sido 27'40’’ lo que me indicaba que «por arriba» iba bien, y ese último test en Valencia me hizo creer en mí mismo; esa certeza o esa seguridad me la había trasmitido mi propio cuerpo, que me devolvía los frutos de todo lo que había entrenado previamente para esa gran carrera.


El caso es que llegó el día y cuando, antes de calentar, me despedí de Nuria, ella me preguntó «Chemita, ¿hoy qué vas a hacer?» A lo que yo respondí, con mucha seguridad: «¡Hoy voy a hacer algo grande!» Después de eso, calenté como siempre, seguí mis rutinas habituales y durante toda la carrera estuve totalmente concentrado. Me daba igual que la carrera fuera lenta o rápida, estaba y me sentía preparado para cualquier cosa. Fue esa seguridad la que me convenció que podía ganar.


A falta de 300 metros hice un cambio brutal (por lo menos a mí así me lo pareció): empecé a correr sin mirar atrás, pensé «Tengo que seguir a tope, es mi oportunidad». Los metros iban pasando y nadie conseguía superarme, 200 metros y doblábamos corredores, y yo no cejaba en mi empeño. La fina lluvia que caía golpeaba en mi cara haciendo que el esfuerzo fuera todavía algo mayor. Al fin llegó la recta final y yo seguía sin mirar atrás, alcancé a ver por el rabillo del ojo una pantalla en la que comprobé que mis rivales no podían conmigo.


«¡100 metros más!», pensé, «¡No queda nada! ¡Sigue, sigue! ». Con una lentitud increíble trascurrieron esos metros finales hasta que, justo en el momento en el que rebasaba la línea de meta, me di cuenta de que lo había logrado, lo había conseguido ¡era campeón de Europa de mi distancia! ¡Qué sensaciones, cómo disfruté ese momento! Creo que en aquel instante era el hombre más feliz de la Tierra.

Si alguien te pregunta por qué o para qué entrenas, ésta es la respuesta ¡yo entreno para esto y por esto! Es la respuesta a toda una vida dedicada al deporte. Es esa esperada recompensa a tantos esfuerzos realizados. ¡Y vaya que si vale la pena! Claro que la merece dedicar una vida a intentar cumplir tu sueño. En esos breves segundos te das cuenta de la satisfacción que produce ver un sueño cumplido, lo mucho que te llena, y encima puedes disfrutarlo con las personas a las que quieres. Nuria estaba en la grada y no sé cómo lo hizo pero se coló hasta la zona mixta, bajó a los entresijos del estadio y allí me estaba esperando con lágrimas en los ojos.


Estos momentos permanecerán siempre en mi recuerdo… También andaban por allí atletas españoles que vivieron ese triunfo de manera especial. Entre ellos, recuerdo a Jesús España y a los hermanos Roberto y Carlos García, que fueron de los primeros que vi nada más terminar la carrera. Siempre he dicho que todos los atletas se merecerían disfrutar de unos momentos como los que viví, ya que son muchos los que se pasan toda una vida luchando y peleando por conseguir una medalla o un gran logro deportivo y, en cambio, son pocos los que llegan a ver su sueño cumplido.


Por eso siempre digo que hay que disfrutar y vivir cada instante bueno, alegrarse y disfrutar cada mejora, cada triunfo. A partir de ese momento yo ya supe lo que quería. Quería soñar, que mi imaginación volase alto y quizá, sólo quizá, algún día esos sueños pudieran volver a hacerse realidad.


Mi nombre es Chema Martinez. Campeón de Europa de 10.000 m y Subcampeón de Europa de Maratón... esta última carrera, ya os la contaré otra vez.

Leer más historias de La Zona Keepgoing

aviso legal | mapa web | contacto | 2011 Keepgoing.es