Fecha: 21 - 06 - 2011
Autor: KeepgoingEs una carrera especial a todas luces. Por el día de celebración y por la cantidad de participación. Y además cuenta con dos salidas separadas (Popular e Internacional) que permite a cada uno situarse en el lugar que piense que le corresponda. Yo en este sentido siempre lo he tenido claro, el atletismo siempre ha sido para mí una actividad secundaria o sucesiva, que he compatibilizado con estudios, trabajos, clases en la universidad, iniciativas empresariales o cualquier combinación de las anteriores dependiendo del año en cuestión. Mi sitio está entre los populares.
En el año 1998, un mes después de cumplir 21 años, tuve la inmensa fortuna de poder ganar la San Silvestre Vallecana Popular por primera vez. Mentiría si no dijese que mis recuerdos de ese día son difusos, me han pasado demasiadas cosas desde entonces. Tan sólo me viene a la memoria -por supuesto- la satisfacción por la victoria y el frío que tuve que pasar hasta la celebración de la entrega de trofeos que no tendría lugar hasta dos horas después. El tiempo de espera en los vestuarios del Estadio Teresa Rivero (llamado por aquel entonces "Nuevo Estadio de Vallecas"), carentes de cualquier tipo de calefacción o similar, fue jodido. Menos mal que la espera merecía la pena y que Raúl Fernández, por aquel entonces comenzando su andadura en Nike, me ofreció una sudadera que todavía hoy conservo y que me puse encima de la única ropa que tenía, la que utilicé para competir. También fue divertida la vuelta a casa en metro (tuve que mendigar la entrada al encargado de la estación de Portazgo porque el bono-metro que llevaba en el bolsillo acabó calcinado entre el sudor y el granizo de aquel día), la gente miraba con una mezcla entre admiración y compasión a un tío empapado, con un pantalón corto diminuto, unas piernas llenas de venas, y con un trofeo que casi le llegaba hasta la cintura. Os podéis imaginar la situación.
Pero vamos al momento que da título a este pequeño relato que me han pedido mis amigos de Keepgoing. Justo 10 años después, el 31 de diciembre de 2008. La San Silvestre Popular más numerosa de la historia hasta esa fecha. 25.000 personas con dorsal en línea de salida y unos cuantos miles más corriendo de manera espontánea. Tenía ganas de volver a ganar, lo tengo que reconocer. Dos segundos puestos en años anteriores a pesar de romper la -para mí- mítica barrera de los 30 minutos, tras Antonio Serrano y el marroquí Gtaib, habían hecho algo de mella en mi autoestima y quería quitarme la espina en mi carrera favorita. Luciendo orgulloso la equipación del histórico club madrileño Canguro y con un gorro de Papa Noël, convenientemente probado antes en entrenamientos y hasta en competiciones, me presentaba en la línea de salida confiado en mis posibilidades, pero manteniendo el imprescindible respeto a mi rivales. La carrera se decidió a 500 metros de meta. Gracias al Google Earth sabía exactamente los metros que había hasta meta desde cada una de las esquinas de la calle Carlos Martín Álvarez y sabía dónde podía optimizar mis recursos dependiendo de cómo se planteara la carrera. Todo salió bien.
A partir de ahí, la cobertura mediática de esa victoria, por encima en ocasiones de la victoria del etíope Tadesse Tola en la prueba Internacional, me llena más de sincero pudor que de orgullo, aunque algo hay de todo. Pero a nivel individual estoy especialmente satisfecho porque a pesar de algunos contratiempos en forma de pequeñas lesiones en las semanas anteriores, y sin dejar de lado mi actividad profesional muy intensa en aquellos días, fui capaz de situar mi cuerpo y mi mente en un estado de forma casi máximo -dentro de mis caracterísiticas genéticas personales- en el momento adecuado, en el día D a la hora H. Y eso para alguien que es su propio entrenador, y que cree firmemente que entrenar es un arte y no una ciencia, representa una aproximación al virtuosismo digna de satisfacción.
Otros momentos no tan virtuosos los ha habido y a patadas, pero no son el objeto de este relato que paramos aquí, no sin antes citar a todos los lectores al epílogo que intentará ser escrito el 31 de diciembre de 2018.
Mi nombre es Pablo Vega. Doble Campeón de la San Silvestre Vallecana Popular 1998, 2008.